bailando emociones. Escuela de las emociones

Cada día se está valorando más el importante papel que tienen las emociones en nuestra vida. Somos muy conscientes de que el modo en que gestionemos nuestro mundo interior va a ser clave para vivir una vida realizada (esto puede implicar una mayor posibilidad de conseguir metas y sueños personales como el mero hecho de vivir más satisfechos y felices sea cual sea nuestra realidad). Sin embargo, una cosa es decirlo y otra es hacerlo, ¿verdad? ¿Cuántas veces no habríamos deseado volver atrás y actuar de otro modo?, ¿cuántas veces no hemos deseado ser menos susceptibles a determinadas situaciones o personas? Hablamos mucho de “gestionar las emociones”, pero, ¿qué es en la práctica el gestionarlas?, ¿hay alguna fórmula o técnica que nos ayude objetivamente a ello? Además, en estos momentos en que estamos hablando tanto de educación emocional pensando en nuestros hijos, ¿hay modos sencillos para poder enseñarles cómo convivir con sus emociones?

En realidad hay muchos modos de trabajar esto, incluso dependiendo del área de la vida que esté implicada (trabajo, relaciones, educación, etc.); es a ello a lo que nos dedicamos en la Escuela de las Emociones. Pero hoy os voy a hablar de un principio básico, que vale para cada persona y situación, y proviene de las corrientes humanistas de psicología que tanto nos han aportado en el ámbito de las emociones. Yo lo llamo: “Bailar con nuestras emociones” y tiene que ver con dos grandes pilares: 1) Un cambio de concepción sobre las emociones, 2) Una técnica de cinco pasos.

El desconocimiento de nuestro mundo emocional ha hecho que, normalmente, actuemos con ellas según uno de estos dos extremos: reprimirlas o dejarnos llevar por ellas. Tanto lo uno como lo otro son modos inadecuados de abordarlas. Bailar con las emociones es una metáfora que nos habla de que la clave está en convivir en armonía con ellas, entender que son parte de nosotros y por tanto aprender a disfrutar esa relación como si de un baile se tratase. Ellas nos llevan y a la vez las llevamos a ellas, como en un baile en el que dos personas interactúan y se apoyan la una en la otra.

Por tanto, esta nueva visión sobre las emociones se basa en la concepción de que las emociones son parte de nosotros mismos, son la vida misma, no hacemos nada sin haber emociones implicadas en el proceso. Las emociones son adaptativas, no se clasifican en positivas o negativas, en buenas o malas, todas tienen una razón de ser. Si aparece alguna emoción que consideramos fuera de lugar o demasiado intensa no es problema de la emoción sino de nuestro modo de interpretar la realidad o de una conjunción de factores cognitivos inconscientes que tendremos que empezar a abordar.

Entrando en la dimensión más práctica, lo más importante que debemos tener en cuenta a la hora de gestionar nuestras emociones bailando con ellas, es aprender a distinguir entre reaccionar y responder. Reaccionamos cuando nos dejamos llevar por nuestras emociones sin el filtro de la razón y respondemos cuando nuestro comportamiento en una situación está filtrado por nuestra razón. Una observación, reaccionar no siempre tiene que ver con dejarse llevar por el estado emocional aparente (p.ej. reaccionar impulsivamente con una ira desmedida), también puede ser “reprimirnos impulsivamente” (p.ej. cuando alguien actúa mal hacia ti y, en vez de confrontarlo en ese momento –suponiendo que fuera lo adecuado- te “tragas” tu ira y no actúas como deberías; el reprimir el comportamiento adecuado también es un tipo de “reacción”).

Obviamente, el modo adecuado es aprender a responder ante las situaciones en vez de reaccionar. A esto es a lo que ayudan los cinco pasos. Aunque al principio tendrás que centrarte conscientemente en seguirlos, si te esfuerzas en ello y ves los beneficios, muy pronto se convertirán en un hábito automático que realizarás sin esfuerzo.

1. RECONÓCELAS. Uno de los grandes problemas que tenemos es el de no reconocer nuestros estados emocionales, normalmente por los conceptos erróneos que tenemos sobre ciertas emociones (la tristeza es de débiles, la ira es de personas sin autocontrol, la frustración es de personas con baja autoestima, etc.). Las emociones están implicadas en todo lo que hacemos. Muchas veces son de baja intensidad, por lo que no lo notamos. Una personas emocionalmente inteligente es una persona que se conoce, sabe qué siente en cada momento y especialmente cuáles son esos momentos en los que suelen aparecer algunas emociones que le pueden llevar a actuar impulsivamente.

Un consejo práctico. Uno de los modos de empezar a practicar el reconocimiento de las emociones es hacerlo en los momentos de seguridad. Escoge algunos momentos en el día en los que te tomes cinco minutos de relax, cierra los ojos y céntrate en tus sensaciones internas (emocionales y sus contrapartidas físicas –estómago, pulsaciones, etc.). Posiblemente, al principio te costará reconocerlas pero poco a poco esto irá cambiando sorprendentemente. Y otro ejercicio que te será muy útil es el de hacer una lista con la relación de esas emociones intensas que normalmente aparecen y en qué circunstancias (con qué personas, en qué momentos, etc.). No lo olvides, el primer paso: reconocer las emociones.

2. ACÉPTALAS. Acepta tus emociones, sean las que sean. Como decía, no hay emociones buenas ni malas, sólo emociones fuera de lugar o intensidad. En todo caso, lo que hay son emociones que te hacen sentir mejor o peor, que te gustan más o menos, o que te ayudan o perjudican al conseguir tus metas o cuidar relaciones. Lo que está claro es que, llegado el momento de sentir una emoción desagradable, esto ocurre porque tu psiqué lo necesita, necesita liberar esa energía que debe de salir de algún modo (en forma de, tristeza, ira, frustración, miedo…) , así que acéptala como buena en ese momento. Pero nunca las reprimas sin más pues, de lo contrario, esa tensión saldrá de otro modo o, lo que es peor, tendrá consecuencias físicas y mentales negativas para ti. No lo olvides, el segundo paso: aceptar las emociones.

3. ESCÚCHALAS. Este suele ser el punto más curioso cuando lo explico a mis alumnos/as. ¿Las emociones nos hablan? Sí. Las emociones son un modo que tienen tu mente inconsciente y tu cuerpo de hablarte. Piensa que todas tienen una razón de ser: la tristeza te lleva al recogimiento, a la introspección, la ira a luchar por una injusticia que has presenciado o sufrido, te da energía para ello, la alegría te impulsa a celebrar, no la reprimas y disfrútala, el miedo aumenta tus capacidades para enfrentarte a un potencial peligro… Por tanto pregúntate: ¿por qué estoy triste?, ¿por qué me siento angustiado?, ¿por qué tengo ganas de saltar de alegría?, ¿por qué sólo pienso en partirle la cara a alguien?, ¿por qué me siento tan relajado?, ¿por qué me siento tan ansioso?, etc. No lo olvides, los anteriores pasos no tendrían sentido sin el tercero: escuchar las emociones.

4. REFLEXIONA. Filtra a través de tu razón todo lo que estás viviendo. Analiza en primer lugar tus emociones: lo que estás viviendo interiormente, hacia dónde te impulsan a actuar, etc. Analiza también la situación: qué está ocurriendo, cuál sería el comportamiento más adecuado al momento, qué consecuencias tendrá, cómo has actuado en otras ocasiones similares y cuáles han sido las consecuencias, qué te gustaría que ocurriera, etc. Y en tercer lugar, nunca olvides medir siempre tu potencial comportamiento con tus valores y principios de vida, si va a ser coherente con ellos o no.

Para ayudarte a en este proceso puedes tener preparadas una serie de preguntas que te ayudarán en esas situaciones como: ¿Qué me aporta actuar como me apetece en este momento?, ¿qué consecuencias puede tener en las personas que me rodean en particular o en mi entorno en general?, ¿estoy reaccionando con la intensidad adecuada a este momento?, ¿sería más adecuado expresar lo que siento, quiero, necesito en otro momento, cuándo y cómo lo voy a hacer?, ¿hay algún otro modo de expresar mi emoción que no sea mediante esta conducta?, ¿qué comportamiento sería coherente con mis principios y valores personales?

5. ACTÚA EN CONSECUENCIA. Lógicamente, el último paso es el del comportamiento, la acción. Con el “boom” de la valoración de la emociones podemos acabar pasándonos al otro extremo, al de no dar valor nuestras acciones. Parece como si nuestro comportamiento no tuviera tanta importancia como el cómo nos sentimos. Craso error. En realidad, nuestras emociones son el motor de nuestra vida, las que nos impulsan a actuar, a comportarnos. Emoción y comportamiento están intrínsecamente unidos, de hecho, según nos comportemos (reaccionando o respondiendo emocionalmente a una situación dada) reforzaremos una dinámica emocional concreta, sea sana o insana. Por tanto, es fundamental que pasemos por todo este proceso de reconocimiento, aceptación, escucha y reflexión sobre nuestras emociones y la situación que estamos viviendo, para que por último acabemos actuando en consecuencia con ese proceso emocional-racional que hemos vivido. En realidad no es otra cosa que el ser coherentes con nosotros mismos (con lo que nos dicen nuestras emociones y nuestra razón trabajando en equipo).

Fuente: http://goo.gl/4hDvjV

3E: Facebook | Twitter | Blog | Web

Anuncios