elvalordelaspersonas

Las personas tienen más valor para una empresa que el propio producto. Este es un principio que debemos asumir para poder alcanzar nuevas metas profesionales y empresariales, cuyo alcance no es posible sin las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Las empresas no existen, las personas sí; y es en las personas donde una empresa puede hallar la competitividad que está buscando para ser líderes en el mercado. En esta época de crisis únicamente pensamos en términos económicos, pero ¿qué es la economía sin las personas que la hacen posible?

Tanto dirección, como cargos intermedios y el mismo departamento de recursos humanos debe pensar que las personas son mucho más que los engranajes de una cadena de montaje. En este sentido debemos cuidarnos de las malas praxis a las que nos tiene acostumbrados el mercado actual, por lo que debemos apreciar la importancia de los valores que tenemos como personas y como empresa.

El 90% de los negocios bajan la persiana antes de cumplir los diez años. La pregunta es, ¿este hecho sólo se debe a los cambios recientes del mercado? Aunque no lo hayamos pensado nunca, el éxito empieza por los valores, aquellas virtudes y cualidades que distinguen nuestra empresa y sus trabajadores de cualquier otra entidad organizacional. No nos debe sorprender que los países de la Unión Europea que se encuentran en peor situación económica sean aquellos en los que se aprecia un mayor nivel de corrupción, una menor expresión de valores positivos.

Valores como el dinamismo, la proactividad, la disciplina, la perseverancia, la dirección por objetivos o la calidad del producto están bien asumidos por las organizaciones empresariales a día de hoy; sin embargo, otros valores deberían considerarse: honestidad, integridad, responsabilidad, capacidad autocrítica y consideración hacia las personas. Estos valores acabarán por traducirse en un mejor clima laboral, un mayor rendimiento empresarial y una mejor confianza en el cliente, aspectos clave para el crecimiento de un negocio.

Conozco el caso de una empresa que tenía problemas para obtener la materia prima que distribuía entre sus clientes. Preveía que tendría problemas en el suministro, al igual que las demás empresas de todo el sector, así que debía valorar a qué empresas iba a suministrar durante el periodo de crisis. La decisión que tomaron fue la más sabia: no suministrar según la envergadura de los pedidos, dando con ello prioridad a los grandes pedidos, sino suministrar según el nivel de cumplimiento de los clientes con los pagos. De este modo, fueron suministradas sólo aquellas empresas que eran responsables y cumplían con sus obligaciones transaccionales.

La imagen que se genere por los valores que la empresa y sus trabajadores expresen, llevará consigo una buena reputación que generará un efecto boca-oreja el cual, a su vez, originará buenas oportunidades de crecimiento para el negocio. Se establece que entorno al 70% de un negocio se crea a través de la difusión boca-oreja.

De este modo, si bien es importante la comunicación externa de una empresa y la figura del comercial por la posibilidad que le brinda de transmitir una imagen de cercanía, más importante es el posterior efecto boca-oreja resultado de los valores que se expresen a través de las actuaciones empresariales. En cuanto a esto, existe un dicho que dice: “Crea fama y échate a dormir”.

Recuerdo un comercial que me aseguraba que entregaban el producto en un máximo de 48 horas a partir de la solicitud del pedido. En ninguno de los muchos pedidos que realicé se vio cumplido dicho plazo. ¿Qué reputación puede generar este hecho? ¿Cuántos desean trabajar con empresas que no cumplen con sus acuerdos? Un factor clave para el éxito, generar confianza en el consumidor y crear una buena reputación, es la honestidad.

Fuente: http://goo.gl/UGLN63

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