Aunque pueda parecerlo, no voy a hablar de marcas de calefacción, ni de aire acondicionado, sino sobre el hecho de que una buena comunicación de marca no debe tener sombras.

Y es que el modelo de comunicación actual, en el que el público tiene a su disposición múltiples herramientas de información y contacto, obliga a las marcas a establecer una estrategia de ‘amplia presencia’ y de ‘constante renovación de contenidos’.
No debemos olvidar que la fidelidad del usuario no nace, sino que se hace. Una circunstancia que obliga a marcar un ritmo sostenido y sostenible de comunicación, que sirva como refuerzo de la imagen de la marca y alimente las expectativas racionales y emocionales del público.

Es obvio que esto no significa que las marcas deban estar presentes en todas partes. Pero sí que, allí donde estén, mantengan un ritmo constante de actualización de alto valor.
Hay que ser conscientes de que la competencia es feroz y que ahora, más que nunca, los vacíos de comunicación -por pequeños que sean- se convierten en campo abierto, que invita a a que sea ocupado por las marcas competidoras.Máxime, cuando el público tiene tanto dónde elegir que se ha convertido en un auténtico cazador de novedades, que no duda en ‘traicionar’ a aquellas marcas que han perdido su capacidad para sorprenderle y mantenerle interesado en todo momento.

Evidentemente, esta circunstancia obliga aún más a que las estrategias determinen de forma muy eficiente los espacios más adecuados de contacto con el público -teniendo muy en cuenta que estar en el lugar adecuado no significa estar en todas partes-. Y, al mismo tiempo, establezca un criterio de actualización sostenido, sostenible y adaptado a cada medio y entorno. Un criterio en el que la constancia debe convertirse en virtud… y esa virtud, en herramienta activadora del interés y la confianza del usuario.
Obviamente, tener presencia no significa que tengamos que llegar a la saturación -que suele ocurrir-, sino que la aportación de contenidos y mensajes debe medirse y regularse de tal forma que el usuario no se sienta acosado ni invadido. Es aquí donde la creatividad juega un papel importantísimo para el desarrollo de propuestas con capacidad de interesar y sorprender, y que nos permitan ‘mantener caliente’ al usuario hasta el punto de convertirlo en difusor espontáneo de nuestra marca -circunstancia que además, nos ayudará llegar a espacios en los que no tengamos una presencia corporativa-.
En definitiva, la comunicación es cuestión de ajustar el termostato y mantener una temperatura constante, evitando las sombras que puedan enfriar la percepción del público y así evitar que se arrime a otro sol que caliente más.
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