Los deseos, siempre y cuando éstos sean realistas, son algo positivo para el ser humano pues actúan como un promotor de conductas, fuente de motivación. Por ejemplo, el deseo de encontrar pareja orienta a la persona a buscarla, el que desea su emancipación comienza a mirar inmuebles con la finalidad de encontrar un sitio donde empezar su vida y el que busca tener un negocio propio inicia una serie de toma de decisiones orientadas en esa dirección.

Tanto las necesidades como los deseos motivan a la persona a salir fuera de su zona de seguridad e ir en busca de aquello que no se encuentra en su presente; sin embargo, no siempre los deseos tienen connotaciones positivas para la persona. Cuando los deseos se convierten en demandas, y se confunden con necesidades, el ser humano comienza a percibirse como incompleto al no disponer de aquello que desea y acaba por ser esclavo de esos deseos produciendo éstos emociones como la tristeza y la angustia.

¿Cuántos no se sienten desdichados en Sn. Valentín o a final de año? Hay en momentos del año en los cuales realizamos un balance personal en base a 3 aspectos: salud, dinero y amor. En la gran mayoría de ocasiones encontramos la falta de alguno de estos aspectos. En otras ocasiones encontramos carencias pese a que estas facetas de nuestra vida estén cubiertas.

deseosnecesidadesUna necesidad es aquello que resulta ser indispensable para vivir; sin embargo, un deseo no es indispensable para la vida, sino que es, en realidad, prescindible. Fue Abraham Maslow quien trató, largo y tendido, acerca de las necesidades vitales del ser humano. Dividía estas necesidades en una jerarquía: fisiológicas, de seguridad, de aceptación social, de autoestima y autorrealización. Pero, ¿realmente la autorrealización es una necesidad o es un deseo? Pese a que tanto las necesidades como los deseos actúen como drive de nuestra conducta, son dos conceptos muy distintos, como podemos ver.

El filósofo Epicuro dijo: “Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho”. Realmente cuando tenemos una necesidad, y la suplimos, nos sentimos completos con poco; sin embargo, los deseos funcionan a la inversa. Si nos dejamos esclavizar por nuestros deseos, nunca será suficiente. De hecho, el marketing emplea los deseos para aumentar el consumo, creando falsas necesidades y asociando su satisfacción con la felicidad.

Veinte años atrás la sociedad no disponía de tantos avances tecnológicos, vivía de una forma más sencilla y generalmente la gente recuerda esos años con mayor felicidad. ¿Por qué se sentían más felices teniendo menos? Aquellos que tenían sus necesidades cubiertas estaban satisfechos en un entorno donde la publicidad era meramente informativa y no pretendía dar falsas expectativas de satisfacción plena.

No es casualidad que en la actualidad la sociedad viva en un continuo desasosiego deseando siempre tener el último modelo de móvil, el mejor coche,… se asocia todo ello a la felicidad; sin embargo, una vez satisfecho un deseo, su lugar, viene a ser ocupado por otro deseo entrando en una dinámica de continua insatisfacción vital.

Es importante que diferenciemos claramente las necesidades de los deseos. Con ello no decimos que debamos eliminar los deseos, sino que debemos dejar de convertir en problema su no satisfacción, pues éstos no son indispensables para vivir. De este modo hallaremos una mayor satisfacción vital.

Fuente: http://goo.gl/RcyDhT

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