Vivimos en una sociedad obsesionada por la organización del tiempo. Nunca antes el ser humano había sido tan consciente de que las 24 horas del día apenas son suficientes para trabajar, atender a la familia y amigos, cuidarse, descansar, disfrutar del ocio y mantener una buena forma física. Como recordaba Andrew J. Smart en El arte y la ciencia de no hacer nada (Clave Intelectual), no paramos de rendir culto a la productividad, aunque ella se lleve por delante nuestra creatividad y nuestra felicidad.

Sin embargo, y a pesar de que vivimos obsesionados por encajar nuestros horarios como si de piezas de Lego se tratase, perdemos mucho tiempo a lo largo del día. No, no se trata de que nos permitamos echarnos una cabezadita o dar un paseo –algo que, todo sea dicho, sería a la muy beneficioso–, sino que dejamos que nuestra atención se desvíe con mucha facilidad. Apenas obtenemos nada a cambio, sino, simplemente, fomentar nuestra conducta obsesivo-compulsiva gracias a la cual somos incapaces de concentrarnos más de 10 minutos. La periodista inglesa Jessica Stillman ha publicado enInc. una serie de consejos para evitar que caigamos en las redes de la procrastinación, y que dan lugar a una buena reflexión sobre la naturaleza del ser humano del siglo XXI: ¿somos animales sabios o meros autómatas que se conducen a base de impulsos?

Deja de mirar el correo electrónico (y el móvil)

Es habitual que, cuando nos encontramos frente al ordenador, tengamos siempre abierta la venta del correo electrónico. Así, pensamos, podremos atender al segundo a quien requiera nuestra atención. Algo semejante ocurre con el teléfono móvil (y el WhatsApp), que reclaman constantemente nuestra atención. Es mucho más eficiente ignorar las notificaciones constantes y concentrarnos en los que estamos haciendo que revisar la bandeja de entrada cada vez que llegue un nuevo correo. Puede ser que hagamos esperar un poco más a nuestros compañeros pero, a cambio, ganaremos capacidad de concentración y optimizaremos nuestro tiempo.

Deja de utilizar la tecnología para todo

Los adelantos informáticos han provocado que seamos capaces de organizar prácticamente todos los aspectos de nuestra vida con ellos, pero ¿realmente lo necesitamos? ¿De verdad tenemos que abrir una nueva nota en Evernote para apuntar “papel higiénico” o  con apuntarlo en la lista de la nevera nos sirve? A veces, el mero hecho de configurar un nuevo programa, actualizarlo, optimizarlo, etc., nos lleva más tiempo que utilizar un viejo e infalible sistema: el cuaderno o agenda personal.

Deja de estar constantemente disponible

Ello no significa que debas ser un borde, pero si ya son las dos de la tarde y has pasado la mitad de tu jornada debatiendo con tus compañeros el partido de ayer, quizá tu subconsciente te esté diciendo que estás haciendo todo lo posible por escaquearte. No está de más establecer ciertas fronteras para evitar pasar el día en contacto con los demás, ya sea en persona como por teléfono o por correo electrónico. No coger el teléfono en determinadas situaciones o pedir un segundo si alguien te habla pueden ser buenas maneras de señalar que no siempre estamos disponibles.

Deja las reuniones que no terminan en nada

En una reciente entrevista, el Secretario de la Marina estadounidense Ray Mabus señalaba que había aprendido a no convocar nunca una reunión en la que no se llegase a ninguna conclusión, y que si tal cosa no era posible, es porque nunca debería haber sido convocada. A veces nos reunimos o quedamos con compañeros con motivos lejanamente laborales, empleando gran cantidad de tiempo en algo que podría haber sido solucionado de forma más rápida o en otro momento. El problema es que nos gusta reunirnos porque nos hace sentir importantes, productivos y perder nuestro tiempo sin tener mala conciencia.

La repetición nos puede parecer monótona, pero también nos ayuda a ahorrar tiempo. (Corbis)

Deja de pensar en impresionar a los demás

Causar una buena impresión puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso, pero a veces excedemos ciertos límites. ¿De verdad necesitamos pasar tantas horas en el gimnasio, maquillándonos, vistiéndonos como pinceles, seleccionando la fuente idónea para un correo electrónico o siendo absolutamente perfeccionistas? En el punto medio se encuentra el equilibrio, y hay una frontera en la que el detallismo pasa a ser pura pérdida de tiempo.

Deja de esperar a la inspiración

Es la base de toda procrastinación. No ponerse en acción porque estamos esperando a que el cielo se abra y nos ilumine es otra manera de dejar para mañana lo que deberíamos hacer hoy. Sorpresa: muchas veces la inspiración aparece cuando nos ponemos a ello. Esto también tiene una consecuencia clara, y es la aparición de esa pila de cosas por hacer –o correos por leer o enviar, o documentos por clasificar, o exámenes por corregir, o…– que cada vez abultan más. Una buena táctica de ordenación mental es hacer algo inmediatamente (o en un breve espacio de tiempo) o archivarlo para una fecha determinada.

Deja de improvisar

Pensamos que esa gente que tiene todo planificado es aburrida, gris y monótona. Sin embargo, probablemente nos cundiría más si hiciésemos todos los días lo mismo al levantarnos, al llegar a la oficina y marcharnos. Puede parecer apasionante elegir todos los días a las siete de la mañana nuestro vestuario o lo que vamos a desayunar, pero quizá sea mejor ahorrarnos todo ese tiempo y carga mental en forma de toma de decisiones y dedicarlo a algo verdaderamente interesante o divertido.

Deja de discutir

El diálogo es bueno, a no ser que este se prolongue la mitad de la jornada laboral. Saber cuándo se debe dar la razón o imponer nuestra autoridad al compañero, superior o subordinado y pasar a otra cosa es vital para no enquistarnos en situaciones nada provechosas. Sobre todo, porque al final, muchas confrontaciones terminan convirtiéndose en algo personal, totalmente ajenas a la marcha de la empresa.

Deja de buscar soluciones temporales

Si se rompe una junta, podemos jugárnosla por nuestra cuenta y tratar de taparla con un poco de silicona. Si se vuelve a romper, podemos hacer lo mismo o llamar al fontanero, que es quien la arreglará para siempre. Las soluciones temporales, aunque nos lleven poco tiempo el primer día, consumen mucho más esfuerzo a la larga. Afróntalo rápidamente y olvídate de ello.

Deja de meterte en atascos

El lector se estará riendo al leer esto. Efectivamente: probablemente nuestro horario laboral no está en nuestras manos pero, en la medida de lo posible, debemos intentar evitar las horas punta (en la carretera, a la hora de comer, en el gimnasio, para ir a comprar), puesto que ello nos proporcionará unas cuantos minutos u horas extra.

Fuente: http://goo.gl/BpLrvZ

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