Aunque seamos las personas más políticamente correctas del mundo, y nos parezca mal pensar así, en cuanto hablamos de catalanes pensamos que son tacaños, y si un andaluz nos cuenta un chiste, pensaremos que no da palo al agua. No hay más que etiquetar a alguien (ya sea por su etnia, nacionalidad u origen social) para que surjan los estereotipos: “una idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad sobre algo cuyo carácter es inmutable”, como asegura la RAE en la definición del vocablo.

La mayoría de estereotipos son políticamente incorrectos, pero, dado su carácter inmutable, acudimos a ellos casi sin darnos cuenta, lo que genera exclusión y rechazo entre las personas cuya etiqueta no está asociada a un estereotipo beneficioso (que también los hay).

Estos prejuicios también son frecuentes entre las profesiones. No tenemos la misma percepción de un médico que de un basurero, y es algo que se refleja en nuestras relaciones sociales.

Con motivo de un número especial de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, sobre comunicación científica, la doctora Susan Fiske,profesora de psicología de la Universidad de Princeton, ha realizado un estudio para conocer cuál es la percepción que tienen los estadounidenses de los divulgadores científicos pero, para ello, ha desvelado también cuál es la percepción que tiene la sociedad de las 42 trabajos más comunes. Y sus conclusiones son muy interesantes.

Los investigadores no preguntaron cuál era la opinión de cada persona sobre una u otra profesión, sino sobre la percepción de la sociedad, algo que, aseguran, sirve para reducir los prejuicios y estereotipos individuales

Para realizar su investigación, Fiske y sus colaboradores preguntaron a un primer grupo de voluntarios cuáles creían que eran las profesiones más típicas. Gracias a sus respuestas, los autores del estudio elaboraron una lista de los 42 oficios más mencionados. Con la lista en la mano, los investigadores pidieron a un nuevo grupo de voluntarios que calificaran las profesiones en función de la percepción que la sociedad tiene acerca de su confiabilidad (son profesionales de los que uno se puede fiar y caen simpáticos, y que el estudio en inglés califican como warmth) ycapacidad (son profesionales muy capaces, respetados y competentes, y en el estudio se califica como competence).

Los investigadores no preguntaron cuál era la opinión de cada persona sobre una u otra profesión, sino sobre la percepción de la sociedad, algo que, aseguran, sirve para reducir los prejuicios y estereotipos individuales.

Un retrato de los estereotipos laborales

Fiske y sus compañeros han llegado a la conclusión de que las profesiones más comunes se pueden dividir en cuatro grupos en función de la percepción que la sociedad tiene de estas.

1. Profesiones competentes y que caen bien

El primer grupo está conformado por aquellas profesiones vistas como competentes y confiables, es decir, las más respetadas en conjunto. Estos son los profesionales cuyo trabajo consiste en cuidar a otras personas. El del enfermero es el trabajo más respetado, seguido de los profesores y médicos. Detrás de estos están los agricultores y los canguros y trabajadores de guarderías.

2. Profesiones competentes, pero que no son de fiar

El segundo grupo corresponde a las profesiones que obtienen una gran puntuación en la categoría de “capacidad” pero no en la de “confiabilidad”. Son profesiones muy respetadas en lo profesional (de hecho, aparecen en este grupo las profesiones en las que se gana más dinero), pero percibidas como antipáticas. Los abogados son, junto a otros oficios, los que la sociedad percibe como menos confiables, aunque en lo que respecta a la “capacidad” están en polos opuestos. En este grupo aparecen también los ingenieros, los investigadores, los contables, los científicos y los CEO.

3. Profesiones incompetentes y antipáticas

En la esquina inferior izquierda de la gráfica elaborada por Fiske y sus colegas se encuentran los oficios que obtienen la peor puntuación en capacidad y confiabilidad. Se encuentran las personas que lavan platos y los basureros. Un pelín más arriba, por este orden, encontramos a los trabajadores de restaurante de comida rápida, los responsables de atención al cliente, los albañiles, los cajeros y los camareros.Los taxistas y los camioneros superan por poco a las prostitutas en términos de confiabilidad, pero obtienen una mayor puntuación que el resto en términos de capacidad.

4. Profesiones que resultan indiferentes

El resto de oficios, que aparecen en la parte central de la tabla, no son especialmente odiados ni respetados. Encontramos aquí profesiones como policía, obrero, cocinero, escritor o actor. Curiosamente los políticos aparecen también en este grupo (hay que tener en cuenta que se ha realizado en Estados Unidos, no en España), pero con el mismo nivel de confiabilidad que los taxistas: sólo los abogados son percibidos con una mayor simpatía.

Fuente: http://goo.gl/8cyHV8

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