A priori, parece que la adaptación al cambio puede estar reñida con tener fuertes covicciones ya que la primera transmite un componente dinámico en la toma de decisiones, mientras que el otro, puede transmitir inmovilismo.

Aunque esta dualidad, a priori, pueda llegar a parecer incoherente, realmente no lo es y, de hecho, tener la capacidad de saber combinarlas transmite confianza al equipo al indicar que los objetivos que se desean alcanzar son sólida adaptando la estrategia y las accciones del modo más adecuado para que se puedan alcanzar.

La adaptación al cambio es innata a la capacidad de asumir retos, es decir, tener la capacidad para afrontar los problemas que surjan y, por supuesto, resolverlos. Lo que resulta imposible si no se tiene confianza en uno mismo.

Por tanto, del propio anhelo de mejorar se buscará nuevas formas de hacer las cosas ya que valora positivamente el riesgo que implica aceptar los cambios. Esto no debe estar reñido con el hecho de conseguir unas metas y alcanzar los objetivos que han sido definidos, lo que implica una fuerte convicción en lo que se hace.

El problema viene determinado cuando solo se considera uno de los elementos adaptación al cambio actuando de un modo incoherente con los objetivos, lo que denota improvisación o, por el contrario, dirigir al equipo desde la dinámica de los fuertes objetivos sin percibir los cambios que en el entorno se producen, lo que produce desconfianza por la sensación de inmovilismo.

Fuente: http://goo.gl/TIFMSE

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