Toda taxonomía de jefes es incompleta, probablemente porque todos tenemos tantas cosas tan malas que decir de nuestros superiores que es difícil que estos encajen en una única descripción. Es posible que este sea un listillo y un borde al mismo tiempo, o un manipulador y un discriminador de forma no excluyente. Ser objeto de críticas entra en el sueldo de todo puesto de responsabilidad, y aunque gocemos de una amplia gama de virtudes, no importa: es probable que nuestros empleados nos recuerden por nuestras debilidades, y tan sólo en situaciones excepcionales reconozcan que quizá no somos tan malos.

Es natural. El liderazgo es un trabajo de tira y afloja, de negociación entre empleado y jefe, en el cual ambos han de luchar por su terreno dentro de la empresa. Ello da lugar a muchas situaciones que se perciben como injustas, y que debemos evitar en la medida de lo posible. Con motivo del Día del Jefe que se celebró el pasado jueves, Business Insider ha preguntado a la experta de trabajo en LinkedIn Nicole Williams sobre los peores tipos de jefes. Regla número 1: si este te trata mal, eres tú el que debe dar un paso adelante, porque él no va a cambiar. Regla número 2: ante todo, lo importante es ir un paso por delante de tu jefe, y anticipar los posibles problemas, así como atajar las dificultades a tiempo.

Aquí está la galería completa de los peores jefes que proporciona la autora deGirl on Top: Your Guide to Turn Dating Rules into Career Success (Center Street).

EL INDECISO

Cómo es: si puede, tomará cualquier decisión importante mañana. Se distingue por no tener mucha experiencia como jefe o no saber cómo delegar, por lo que esquivará los momentos clave de su trabajo hasta que sea demasiado tarde… Tanto para él como para sus empleados.

Qué hacer: fuérzales a tomar una decisión de manera que piensen que ha sido suya. Lo que no quieren, bajo ninguna circunstancia, es demostrar que no tienen la situación controlada, y por eso esperan hasta el último momento. Pero si les das a elegir entre dos posibilidades, pensarán que siguen teniendo el poder.

EL QUE TIENE FAVORITOS

Cómo es: por alguna razón que el resto de trabajadores quizá no acierten a adivinar, este jefe otorga siempre los encargos más jugosos a las mismas personas, aunque no sean necesariamente mejores ni más veteranos. Esta es, claramente, una de las formas más fáciles de quemar a un empleado.

Qué hacer: teniendo en cuenta que tú no eres el favorito –lo cual no siempre es lo preferible, sobre todo de cara a otros compañeros–, Williams recomienda jugar la baza de los celos. Es decir, si en tu departamento no te aprecian, haz que sí lo hagan en los demás. Es posible que entonces sí repare en ti.

EL LADRÓN

Cómo es: “he tenido una grandísima idea”. Y, efectivamente, es muy buena, pero te das cuenta de que es tuya y tu jefe se la ha agenciado sin darte ningún crédito. Lo peor de todo es que no hay ninguna forma de que puedas demostrarlo y, además, no quieres enfrentarte a él.

Qué hacer: independízate. Deja de compartir tus ideas en privado y defiéndelas sólo en situaciones en las que puedas responder por ellas, y búscate la vida por ti mismo. Williams recomienda utilizar las redes sociales para exponer nuestro trabajo y brillar lejos de la estrella que más quema.

EL MICROMANAGER

Cómo es: en español, el controlador. Es el que vigila cada segundo de lo que haces, tiene miedo de que te olvides de tus citas o de que el trabajo no salga adelante, porque te llama y te envía correos tan constantemente que parece que no tienes un jefe, sino un padre.

Qué hacer: que pruebe su propia medicina. O, en otras palabras, hazle saber que todo va bien, tenle al tanto de tus progresos, y sobre todo, realiza preguntas oportunas que demuestren que tú también estás comprometido con tu trabajo.

‘Y esta es la estrategia de la empresa (hasta que mañana se me ocurra otra)’. (Corbis)

EL DE “EL MOVIMIENTO SE DEMUESTRA HABLANDO”

Cómo es: un genio. Un orador. Un iluminado que disfruta pasando horas hablando de proyectos, prometiendo cosas a sus empleados y que, a la hora de la verdad, es muy conservador. Efectivamente, esas grandes ideas nunca se llevan a la práctica. Bueno, “quizá mañana”.

Qué hacer: debido a que nunca será buen día para ponerse en marcha, debemos dar nosotros el primer paso (antes de que nos lo pidan), porque si no, no lo dará nadie.

EL INNOVADOR EN SERIE

Cómo es: sus ideas se suceden a una velocidad mayor que con la que se pueden aplicar. Le gusta estar a la última, y que sus trabajadores también lo estén. Una dificultad asociada a este visionario es que impide que sus empleados se concentren en lo que están haciendo (porque mañana habrá otra idea mejor) y estos deben estar preparados para lo inesperado y la incertidumbre.

Qué hacer: si él es un innovador, tú también. Mantente al tanto de lo que está ocurriendo en tu sector, propón nuevas cosas e intenta adivinar qué puede ser lo próximo. Quizá la próxima idea que tenga la hayas sugerido tú, y así no tendrás que adaptarte a lo que se le ocurra, sino al revés.

EL BLOQUE DE HIELO

Cómo es: su principal problema es que le gusta separar lo profesional de lo personal… demasiado. Aunque en principio parezca lo ideal (¿quién prefiere un jefe metomentodo?), puede provocar que nos parezca distante, frío o despectivo. Algo que tampoco es lo ideal en el entorno laboral.

Qué hacer: empieza a tender los puentes tú mismo. Averigua qué le interesa, cuál es su peripecia vital, las cosas que tenéis en común (que seguro que son bastantes). O pregunta: si realmente mantienes la distancia adecuada, te granjearás su simpatía.

Fuente: http://goo.gl/00AIBC

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