Desde plantearnos cambiar o no de trabajo hasta qué marca de leche comprar. Tomamos decisiones a diario y, a menudo, nos planteamos si habremos escogido la opción correcta o deberíamos haber hecho otra cosa.

En ocasiones, tenemos demasiadas dudas y comenzamos a informarnos sobre las alternativas existentes, el qué podría pasar o si les ha ido bien a otras personas que tuvieron que tomar tu misma decisión. Y, queramos o no, esto ocurre en elecciones tan sencillas como a qué panadería ir (de verdad, existen foros sobre pan en la red de redes con millones de comentarios).

Planteamos nuestro dilema a amigos y familiares, lo consultamos con la almohada y hasta con el conductor del autobús. Terminamos por darle tantas vueltas que comienzan a surgir nuevos pros y contras con más bien poca conexión con la duda en cuestión.

Al final acumulamos tantas ideas diferentes en nuestra cabeza que nos resulta más complicado tomar una decisión. Así opina el psicólogo Eric Baker, quien plantea en The Week que el exceso de información no es nunca un buen consejero.

Evita la sobrecarga de información  

Hoy tomamos las decisiones en función de si tenemos o no información. Cuando nos preguntan sobre cualquier tema, nos sentimos seguros de participar únicamente si sabemos algo previo sobre el mismo. Tenemos poca capacidad de improvisación derivada del miedo a parecer desinformados.

Necesitamos la respuesta que es relevante para la cuestión que nos ocupa, el resto de información es sólo ruido

En opinión de Baker, actualmente tenemos demasiada información sobre cualquier tema y esto hace más compleja la toma de decisiones porque, aunque creemos que tener más datos va a ayudarnos a centrar más el tema, en realidad “es una mala manera de enmarcar el problema”.

¿Por qué? Precisamente porque es muy difícil encontrar la información realmente útil. “Necesitamos la respuesta que es relevante para la cuestión que nos ocupa, el resto de información es sólo ruido”.

Entonces, ¿qué hago?

Para tomar las decisiones correctas “no necesitas más información, necesitas la información correcta” dice Baker, claro que el problema es encontrarla…. Sin embargo, perder el tiempo en reunir documentación no nos ayudará tanto como centrarnos y ser capaces de definir el problema “para poder obtener la información correcta”.

¿No os ha ocurrido nunca que estáis varios días tratando de tomar una decisión para finalmente optar por la primera que se nos pasó por la cabeza? Dejarnos llevar por nuestros instintos y tratar de visualizar qué nos hará felices, en lugar de acumular cientos de explicaciones sobre qué debemos o no hacer, nos hará tomar las decisiones adecuadas.

Decisiones rápidas o meditadas

Elizabeth Bernstein explica en The Wall Street Journal que las personas se dividen en dos tipos en cuanto a la toma de decisiones: “los maximizadores (maximizers) a los que les gusta tomarse su tiempo y sopesar una amplia gama de opciones antes de elegir, y los satisfactores (satisficers) que prefieren elegir rápidamente la opción que llena los criterios mínimos”

Uno aprende que puede encontrar la satisfacción en cosas perfectamente maravillosas, pero no perfectas

Ambas personalidades fueron establecidas en un estudio realizado por el profesor en psicologíaBarry Schwartz en la Universidad de Pensilvania. En palabras del profesor Schwartz, “los maximizadores son personas que quieren lo mejor mientras que los satisfactores sólo quieren lo suficientemente bueno”.

Inconformistas o conformistas, por simplificarlo, el hecho es que el estudio demostró que, en líneas generales, se sentían más felices los satisfadores. “Una de las cosas que la vida te enseña es que ‘lo suficientemente bueno’ es casi siempre lo suficientemente bueno,” dice Schwartz.

Tras analizar los resultados del estudio, el profesor concluyó que “uno aprende que puede encontrar la satisfacción en cosas perfectamente maravillosas, pero no perfectas”.

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